miércoles, 29 de febrero de 2012

Cómo reconocer a un soplador

Se llama "soplador" a toda persona denominada alquimista sin serlo. La palabra en sí viene por aquellos que o bien soplan demasiado fuerte, avivando mucho el fuego y quemando lo que no deben, o bien demasiado poco, dejando que se extinga, y perdiendo pues la Obra.

Primero están los sopladores meramente ingenuos. Estos se llaman a sí mismos alquimistas y luego de alquimia, poco o nada, aunque no obran con maldad, sino con ignorancia. Son un poco como niños inocentes.

Luego están los sopladores maléficos, que saben que no saben nada, pero intentan por alguna oscura razón hacer ver que saben. Sus motivos pueden ser egocéntricos, idólatras, de lucro, etc., diversos pero siempre destructivos.

viernes, 17 de febrero de 2012

Cajón de sastre

Exégesis del desorden
Algo ajeno para el profano en el panorama alquímico contemporáneo es la gran variedad de opiniones que se fraguan en los hornos del saber hermético. Pero creedme que, hoy día, existe todo un universo underground tanto en internet como en la vida real relacionado con la alquimia. El hecho de que el artista hispanohablante contemporáneo chapurree un poco diversos idiomas (quien más y quien menos) le hace muy proclive a extender su visión más allá de su país o región.

En este universo, del que se podría publicar una revista semanal de prensa rosa (¿"Corazón de Alquimista"?, se admiten sugerencias) hay todo tipo de personajes, unos públicos, otros famosos, otros conocidos, y un montón anónimos, pero que guardan un nexo común entre ellos: nadie está de acuerdo con nadie.

martes, 14 de febrero de 2012

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He abierto una página sobre este blog en la red social Facebook, a fin de que el Arte pueda llegar a personas que pudieran estar interesadas y fuesen desconocedoras de este humilde índice de libros, opiniones y experiencias.

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domingo, 12 de febrero de 2012

Alquimia como cuántica macroscópica


Ya he expresado en diversas ocasiones que la alquimia nombra a las materias por sus características, más que por los elementos químicos que forman dicha materia. Esto nos lleva a un paradigma completamente distinto al de la química, confirmando una vez más que la química y la alquimia son ciencias muy separadas y no relacionadas directamente como se acostumbra a pensar. Para ello, expondré algún ejemplo.

El título de este artículo lo decidí por el hecho de que los filósofos consideran la materia como cuantos. Un cuanto es una partícula que no se puede separar; no porque esto sea imposible, sino que cuando se divide deja de ser lo que era, para convertirse en algo completamente distinto. Por ello, en alquimia las cosas son, y dejan de serlo radicalmente cuando ya no son, sin que una materia derive en otra propiamente dicho, sino que se transmuta, dado el caso. Esta sutil diferencia entre procesión de la materia y derivación contiene una idea filosófica importante, y es la de cambio frente a la de transformación esencial.

viernes, 10 de febrero de 2012

Paradojas alquímicas


A nadie se le puede escapar que los alquimistas se debaten en una continua paradoja vital. Por ello, voy a intentar esclarecer un poco algunas de las operaciones que se llevan a cabo en un Atanor.

Unas de las cosas que hacen los alquimistas es quemar con un fuego que no quema. A principio esto suena extraño, pero si aclaramos que los alquimistas nombran a las cosas por sus cualidades podemos comprenderlo. El fuego calcina, es su propiedad. Si queremos sublimar una sal, no hay más remedio que calcinarla, hasta que se eleve lo puro, sobre lo grosero, a fin de purificarlo. Pero Nuestro Fuego no es el común, sino que es un Fuego frío, dulce, penetrante, más sencillo que el mismo fuego vulgar. Igualmente, calcina la Tierra, pero de una manera filosófica.

Una vez el alquimista ha calcinado la Tierra, y por ende la ha sublimado, ya puede emplear este producto, que es el Mercurio, para disolver. Comunmente, solemos disolver con agua vulgar, pero los alquimistas disuelven con un Agua Seca, a la manera de los Sabios. Por ello, cuando el aspirante desea disolver algo, lo debe hacer en ese agua que no moja, y por tanto la disolución que obtenga no será una cosa sofística.

Y he aquí estas dos grandes y paradójicas claves: quemar con un fuego que no quema y disolver con un agua que no moja. Quien quiera ampliar un poco el tema, le recomiendo que lea los tratados de (pseudo)Arnau de Vilanova, quien explica ampliamente estos términos.